martes, 31 de julio de 2007

GUÍA RÁPIDA (DE QUÉ VA ESTO)

Saba: isla de las antillas holandesas en el mar caribe.

The Bottom: capital de Saba, residencia de Vilos Cohaagen

Vilos Cohaagen: cónsul honorario, autor de este blog. Entrañable personaje, diplomático, apuesto a pesar de su edad provecta.

Carmen: actual pareja de Vilos Cohaagen, madura y tierna, luz de sus días.

Hell´s Gate: segunda población en número de habitantes de Saba y enclave del rancho de Vilos Cohaagen.

Hotel Continental: principal hotel de la Isla de Saba.

Dillión: primer poeta de The Bottom e íntimo amigo de V. Cohaagen, ganador del premio “Príncipe Claus” de poesía, infatigable fabricante de ripios y paradojas.

Mayte: lozana novia de Dillión. Excéntrica peruana, aceptable nadadora.

Katherine o Kate: veraneante, deliciosa criatura. A cargo de Vilos Cohaagen durante los meses de Julio, Agosto y Septiembre de 2007.

Hassell el viejo: virrey “de facto” de la isla de Saba. Archienemigo de Cohaagen desde hace décadas. Corrupto, encarna en sí mismo la decadencia de las Antillas.

Hassell el joven (alias “Craso” alias “el consuelo de las viejas”): sobrino de Hassell el viejo, menos taimado que su tío, más violento. Bastión del crimen en Saba. Desconoce lo que es la higiene.

Jóvenes poetas (los): diletantes indolentes, enemigos cordiales y estéticos de Cohaagen y Dillión. Se reunen en el Continental.

Pablo: sobrino-nieto del autor de este blog y prometedor articulista. Autor de algunas entradas convenientemente señaladas en esta página.

Jacho: especie de antorcha rústica. En el caribe, símbolo de la luz de la razón.

Mar caribe: contexto, referencia, inspiración.

lunes, 30 de julio de 2007

EL INDESEABLE

El jodido tipejo sonreía –¿es necesario usar palabrotas?- sonreía con restos de quiche lorraine en las comisuras. Lo que más le gusta es el vino, siempre lo prueban los restos morados de su boca. Se nombró a sí mismo “el consuelo de las viejas” hace un tiempo, bebía brandy con las viudas, les cantaba boleros con una capa de color caramelo en los labios.

¿Porqué eres tan jodidamente pintoresco? ¿Qué haces en mi casa?

Sonreía y miraba a mi huésped, esa chica, Katherine, antes ya hablé de ella, de la misma especie, sin embargo, ¡tan distinta! De él también les he hablado, Hassell el joven, capataz de esclavos, cómplice y criminal.

Aléjate de ella.


Construía un camino junto a trescientos hombres más. Hassel acompañaba a su tío. Un haitiano intentó estrangularlo y fracasó. Dejaron su cadáver donde trabajábamos; le quitaron los ojos de las cuencas y se los enviaron a su familia en Haití. A raíz de aquello se hizo llamar Craso. Fue antes del consuelo de las viejas. Mucho antes.


Marco Licinio Craso antes de ser Laurence Olivier

viernes, 27 de julio de 2007

NO ME PUEDO QUEJAR

Saben, no me puedo quejar de cómo me han ido las cosas. Una mujer que me quiere, una de las mejores casas de Saba, un terreno en Hell´s gate (esto, aunque suene a Rimbaud se traduce en cien cabezas de ganado, una alberca, aquí no se llama así, pero me gusta la palabra, e incontables cocoteros y palmeras hasta donde alcanza la vista) y el cariño y la gratitud de mis vecinos. Disculpen si de vez en cuando me quejo, pero espero que comprendan que lo hago por mantener el espíritu de las bitácoras: gran parte de las que leo me dan tanta pena que mi forma de solidarizarme es contar que hace calor, o exagerar una indigestión. Puede que mi vida sea mejor que la del resto de los blogueros, pero nunca me verán jactarme de ello.

jueves, 26 de julio de 2007

A CUARENTA Y TRES GRADOS

Los negros no salen hasta la noche. Toca que toca tambor y guitarra ¿hay algo más caluroso que el blues? Después ponen un cd y se cuecen bailando salsa (si se frotan: bachata) Desde mi lecho oigo los gemidos del callejón, no hay motivo para hacerse el simpático (otros tiran de escopeta), son las seis, falta una hora, me pongo en pie, ¿una hora para qué? ¡fuera de mi callejón!

En el despacho, mosquitos, es más difícil cazarlos que derribar un B52 tirándole besos. Si mueren es porque se estrellan contra el ventilador de techo, los veo sortearlo y no hago el trabajo que tengo acumulado. Últimamente no funciona bien, el ventilador. La jodida humedad de esta isla lo corroe todo.

miércoles, 25 de julio de 2007

CUANDO TENÍA 43

Hace treinta años desaparecí. Me encontraron los perros de una mujer que me hizo sitio en su suburbio y me sirvió sopas claras, y no me sirvieron de nada. Viví allí muriendo. Aquella mujer tenía algo de monja. Me acariciaba los cabellos y bebíamos hasta desaparecer.

La embajada me encontró. Holanda se hizo cargo del cadáver de Cohaagen. No pregunté si recompensaron a mi amiga. Una botella de Oporto hubiera sido un detalle.

Hoy se cumplen treinta años desde que desperté en una clínica de Haarlem. Un hijo me miró como el perro más peligroso, el más apaleado. Jamás querrían saber de mí. Hace treinta años perdí a tres. Los caribeños se sorprenden cuando les digo que no he vuelto a hablar con ellos: aquí a uno se le quiere más cuanto más se derrumba.

martes, 24 de julio de 2007

REYES AJENOS

Si no ocupara el cargo que ocupo probablemente me definiría como republicano de la cuerda de Alcalá Zamora, ordenado, visitante de las tías beatas, pero republicano por una profunda (o superficial) convicción moral de que, viniendo como venimos del mono es estúpido fingir que existen diferencias de rango.

Los monarcas holandeses nos convencieron de que ser republicanos era poco práctico. Los españoles en cambio, tienen esa frase de Unamuno: venceréis pero no convenceréis, como lacre de los libros de historia. Parece que con esa sentencia todos se dan por satisfechos, unos porque vencen, otros porque no renunciaron a sus ideas a pesar de la derrota.

Los borbones no han demostrado nada a su pueblo, no han tenido la responsabilidad histórica de convencer a nadie, sólo han destacado por su habilidad para los negocios y, sobre todo, por su capacidad de supervivencia, una virtud que se le supone a cualquier simio y que no deja de ser un equipaje ideológico paupérrimo. El que vence no se inmuta y (seamos honestos) no tiene porqué querer cambios, es el vencido el que tiene que superar las heridas de su orgullo y levantarse.

Eso pensaría si fuese republicano o si me importara algo la política española, que no me importa. Afortunadamente, vivo tan lejos, que esas viejas disputas me resbalan.

PUBLICADO EN ZARABANDA 07/07

HASTA OTRA, BRASIL

Ayer, una musa se me apareció mientras me cortaba las uñas y me dijo que tenía que ir a Brasil ¿Brasil? No puedo ir –pensé mientras la musa se esfumaba- apenas sé nada de ese país. Conozco de oídas el carnaval, imagino playas de arena blanca y mulatas en tanga, he visto jugar a su selección, y considero a Lula un buen tipo, aunque no sé si eso es suficiente. ¿Por qué voy a tener que ir a Brasil?

“Orden y progreso” pone su bandera. Pelé, Xuxa, Astrud Gilberto, el Cristo del Corcobado, Maracaná y Amazonas, son los nombres que vienen a mi memoria. No me interesa ni el sentimiento cristiano mil veces ramificado, ni el culto al cuerpo desmesurado y especialmente lascivo de los brasileños. Es, en resumen, un país más, con su tradición política de reformas y contrarreformas, su clase media culta surgida de Mayo del 68, y un sector financiero tan corrupto como el de Estados Unidos o España. El crimen en las favelas acaba por derruir la cara frívola que había construido a base de caipirinhas y de las revistas de viajes. ¿Qué tiene Brasil?




Flaco favor puedo hacer al afortunado lector que viaje hacia allá. De nada le sirve que repita que las cataratas de Iguazú son impresionantes. En cambio, él podrá decirme si existe otro distinto al que enseñan las agencias, un lugar húmedo (yo me lo imagino así), no por completo deforestado, dividido en regiones bajo la férula de mosquitos y virreyes dudosos. Salpicado de bosquimanos y espíritus que siempre han cedido su puesto ante la razón europea. Un territorio que durante siglos fue más medieval que fantástico.

Por medio de instrumentos como el sexo, la música o el fútbol, la fe de algunos brasileños y la parafernalia colorista de otros muchos degenera en excesos menos cruentos que los que se infligieron a los seguidores de Antonio Conselheiro*, líder de una multitud de pobres beatos a los que el ejercito exterminó por atreverse a fundar una comunidad antirrepublicana a principios del siglo diecinueve. Aquel reducto, en el que se luchaba contra las leyes modernas de la independencia, desapareció por anacrónico, para consolidar una versión nueva de la explotación de siempre.

Desde entonces, y desde otros episodios semejantes, la globalización ha ocupado su mercado como en el resto del mundo. El petróleo y la madera siguen marcando la pauta, sin embargo los indígenas ahora cuentan con defensores más realistas y los organismos internacionales aplauden las tibias reformas de su gobierno. Encabeza la lista de los países modernos, de los encarrilados en la vía del desarrollo. Aseguran que, a pesar de la pobreza, la democracia pone en la mesa alimento para sus habitantes. Algo natural, dados sus enormes recursos.

No obstante, los grandes ventiladores de los cabaréts, los niños que le dan al pegamento y los relojes paraguayos pueden acongojar hasta al más inconsciente de los turistas, aunque en esa clase de viaje la principal queja suele venir del servicio del hotel y el retraso de los aeropuertos. Quien viaje así posiblemente no descubrirá más que esa cara, pero lo que él pretende, sol, playa y caipirinhas, lo obtendrá de fijo.

Necesariamente, el protagonista pasará por Río de Janeiro o por Sao Paulo, capitales del continente americano, dos de los lugares del mundo más caros para vivir. Este dato, un mal síntoma para sus habitantes, lo explica una prosperidad o una decadencia, como la del imperio romano. La capital se convierte en la última estación de miles de emigrados, la ciudad lo importa todo, así que allí se queda el dinero de todos, hasta que alguien lo ingresa en las Islas Caimán. Mantenerse en la ciudad es caro y salir de ella también.

De Río o de Sao Paulo, nuestro turista lamentará la miseria de sus calles y la pobreza de miles de niños (no sé porqué, la pobreza en los niños se ve más). Quizá alguien le haya atracado o le hayan pedido una pequeña “mordida” y es posible que, cuando regrese, nuestro viajero cuente, en una sesión de fotos a sus invitados, las experiencias deshonrosas que cualquier europeo tiene que sufrir en una visita a ese país. Pero si hablamos de un viajero de mundo, él sabrá encontrar el Brasil imaginado del que habla la musa.

El turista elogiará ante sus amigos la hermosura de las brasileñas, a la gente noble de los sertones, les referirá que la clase culta de formación europea no piensa únicamente en el fútbol o en la cirugía estética. Usará hipérboles para recordar el Amazonas, intentará definir con una metáfora el atardecer de una de las diapositivas, y concluirá la sesión empeñado en demostrarles que vale la pena conocer Brasil.

¡Menuda suerte tienen los que se vayan este verano y encuentren ese país, y se bañen en el paraíso, y coman platos como los que se jalaban los piratas hace siglos! Les envidio, aunque yo me libre de parecer un cajero automático con pantalones cortos y cámara de fotos. Les envidio porque podrán añadir otros tópicos a la lista.

Todo viaje es un viaje en el tiempo, simultáneamente hacia delante y hacia atrás, fue lo que me dijo la musa. Si no viaja, uno se queda fuera de la historia, mirando por la ventana, haciendo frases que ha podido recopilar en Google. Imagina cómo sería ir a Brasil, a México o a cualquier otra parte, para reconocerse lejos en el espacio y en el tiempo, como en un relato de ciencia ficción; pero se queda en el mismo sitio.

El verano recuerda a algunos que no tienen dinero para largarse. Ni Brasil ni hostias, le he dicho a la musa. Apenas hay suficiente para las fiestas del pueblo, así que no me calientes la cabeza con cataratas y caipirihnas: de eso también lo hay aquí. Los que se vayan a Brasil, que no se acuerden de los recibos. Los demás nos manejaremos con la perra suerte. Ayer la musa se me apareció, pero hoy no quiere ponerme en nómina, así que, hasta otra, Brasil.

* Ver "La guerra del fin del mundo" M.V.Llosa.