Carmen, que es mejor lectora que yo, rara vez me pregunta por lo que he colgado aquí. Sé que visita la página cuando me dice: “Llevas unos cuantos días sin escribir, ¿qué te pasa?” Por ella estoy haciendo este post. ¿Cómo son los textos de aquél que no encuentra nada que decir? Mi ambición es lograr que sustituyan al silencio sin tocarlo. Lo que haga con esta página en blanco, con las cien, doscientas o mil que me quedan por llenar, debería respetar al menos la belleza de ese silencio, la serenidad que aprecio (espero no ser el único), cuando me sumerjo en la incomunicación.
Cuando me siento en la playa, más que pensamientos, hallo una comprensión que no tardo en perder a fuerza de diálogos; que no consigo plasmar en las cien líneas que lleno de sabrosas palabras. Mi propósito para el año que entra es trasladar esa delicada comprensión a la próxima página en blanco.
¿Alguien cree que lo vaya a lograr?







