lunes, 10 de septiembre de 2007

PERROS Y CARNE

Después de una hora, Hassell interrumpió al jefe de policía y explicó lo que éste quería decir: desde luego no vamos a perder un minuto más en buscar a su amigo. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Es una pena, un príncipe Claus, el primer poeta de la isla. Si fuera posible, lo canjearía por doscientos o trescientos paisanos, pero nadie ha pedido un rescate, no se puede hacer más.

Miré al terrateniente con menos rencor del que pretendía fingir. Él se arreglaba el bigote. Debajo de sus labios nació una especie de disculpa que no iba dirigida a mí ni al policía, era como si la ensayara con nosotros antes de mirarse en el espejo.

Con respecto a la viuda -añadió dirigiéndose al jefe- tendrá que estar atento para que no se repita lo de la barca. Usted que la conoce más, Vilos, ¿cree que...?

¿Suicidarse? No lo sé. Creo que ni Dillión podría responder a eso.

No deje de informarnos si nota algo extraño.

Algo me detuvo cuando iba a decir que todo en Mayte es extraño. Me imaginé a aquellos dos como perros de presa en una guardería. Asentí mirando el bigote de Hassell.
No dejaré de informarles.

Y creo que no queda más que tratar... Haga el favor de transmitirle mis recuerdos a la joven.

viernes, 7 de septiembre de 2007

CUIDADO: BURÓCRATAS

Doce llamadas para dilucidar quién paga 26 dólares de impuestos, figúrense que mañana tan entretenida. Muchas buenas ideas han muerto en manos de un funcionario sádico.

La burocracia es la perversión sentimental de algunas personas, que gozan manoseando la paciencia de los demás. Cuando hablan por teléfono, su deleite no tiene barreras: ponen caras, hacen gestos obscenos, tapan el auricular con la mano para insultarnos... Viven para burlarse de lo simple.

Algunos, en sus notas de suicido al señor juez (no hay que pasar por alto que suelen ser personas terriblemente infelices) escribieron cosas como: “no estoy autorizado a darle esa información”, o bien, “yo no me invento los procedimientos”. Estos, al final de sus vidas, demostraron un sentido del humor tan negro como el tóner de una impresora. La mayoría, sin embargo, carecen del más mínimo encanto.

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Los 26 euros los he pagado yo ¿lo dudaban?

jueves, 6 de septiembre de 2007

¿QUÉ TIENE DE ESPECIAL?

Hoy me he quedado dormido. Había bastante luz cuando he abierto el ojo. He llamado al despacho para avisar. Mi secretaria, que es adicta a la ópera, estaba llorando. Ha muerto Pavarotti, me ha anunciado, como si desde ese momento nada más importase. Se me ha ocurrido bromear y le he cantado “qué tiene de especial, tanta, tanta canela” pero no le ha hecho ninguna gracia. Cuando he llegado al despacho no me hablaba. Le he reprendido seriamente por su actitud “hay quien muere trabajando, en lo mejor de la vida, y Pavarotti ha muerto entre terciopelos y farfalli”

Señor Vilos, los hombres como usted y Pavarotti no deberían morirse nunca –ha contestado.

¡Cómo me halaga la fe que tiene puesta en mí esta empleada! Si hubiera oído a mi mujer ayer por la tarde, de qué manera se burlaba de mi candidez: “Si tú supieras” repetía “si tú supieras”

Mi secretaria, en cambio, cree que yo lo sé todo, aunque se enfade o no comprenda mis bromas. Pobrecita... ¡cuánto me quiere!

PUBLICADO EN DIAGONAL 06/09

TORRES SE VA DE CASA

No ha pasado tanto desde que el niño debutó con el Atlético. Fue al final del primer año en el infierno. Marcó un gol que entonces parecía decisivo pero que al final fue insuficiente. Un año después ya era un personaje, y en un par de temporadas se hizo con el brazalete para convertirse en el jugador indispensable del Atlético, lo que no es decir mucho si se examinan los jugadores que en estos años ha tenido ese club.

Cuántas veces se preguntarán los aficionados qué hubiera sido del Atlético esta temporada si los Gil no hubieran vendido al ‘niño’, ahora que por fin han hecho fichajes que pintan bien. Sin embargo, da la sensación de que todos han ganado con el negocio: el equipo ha mejorado ostensiblemente y Torres ya marca para los de Benítez.

Quizá le hacía falta irse para demostrarse que no está sobrevalorado, quizá unas temporadas en Inglaterra sirvan para que controle mejor el balón o para que deje de tirar al bulto, pero, hasta que vuelva, la Liga se queda huérfana de promesas. El Atlético pierde al último canterano que llegó al primer equipo, y los rivales tachan un enemigo de fuste. Torres consiguió consagrarse como un especialista capaz de ganar puntos en un momento de inspiración; fue el jugador más regular de los equipos regulares de la Liga. En Anfield, tendrá que multiplicar esos chispazos para granjearse una sombra del cariño que siempre le ha dado la grada del Calderón.

Desde el doblete hasta el día de hoy, Torres ha sido el más capaz de levantar al estadio. Y ahora se va de casa. Se queda vacante el puesto de líder en el Atlético; consagrar al próximo será la última función del Calderón antes de que la orquesta se traslade a la Peineta. Pronto los goles de Torres serán un recuerdo sepultado bajo unos apartamentos de lujo a los pies del Manzanares

miércoles, 5 de septiembre de 2007

KATE NO ES PARA SABA

Este es el avión que cogerá Kate dentro de diez días



Después de volver de mi solitario e incomprensible paseo por la playa, decidí hacerle caso a Augusta II y fui a encontrarme con Carmen en la casa de su amiga. No se sorprendió de verme plantado en la puerta. Mandó a una mulata que trabaja allí, con un mensaje: “si has venido para lo que pienso, podrás esperar unos minutos más”

Y allí me quedé, pensando en qué significaba un horizonte de trazo efímero o un cambio en lontananza. ¡Pamplinas! –me dije- son sólo rodeos a la cuestión principal: ya no me siento seguro en Saba, después de tanto tiempo...

Sin embargo, mientras meditaba estas cuestiones, pasaron por delante vecinos de toda la vida: el ingeniero, el hijo de aquel viejo guitarrista, la madre de mi secretaria etc. y me saludaron con el mismo gesto amable al que llevo respondiendo desde hace cuarenta años.

Quiero que se vaya Kate y que se lleve su pureza tentadora. ¡Pobre! No tiene ninguna culpa pero espero ansioso el miércoles que viene.

Al cabo de un hora bajó Carmen, sonriente.

martes, 4 de septiembre de 2007

UN HORIZONTE DIFERENTE

Estos días es imposible pasarse por el hotel, uno corre el riesgo de perder una rodilla contra una samsonite. En los otros bares todo el mundo habla de la desaparición del poeta. Sé poco sobre el tema y si lo cuento me siento un traidor. Así que prefiero caminar por la playa.

Tenemos distintos horizontes según la nacionalidad del turista: para los japoneses la línea es un trazo efímero, los americanos optan por las rectas, en cambio los europeos, siempre tan pedantes, quieren ver un horizonte con formas irregulares para compararlo con nuestras barreras de coral.

Al margen de consideraciones temporales, yo no estoy muy seguro de mi viejo horizonte. Es como si esa línea también me ocultara algo. No puedo estar permanentemente con la mosca detrás de la oreja, pero es que me lo han cambiado, aunque no sé en que lo noto.

Menos mal que el sol se pone más o menos como siempre.

lunes, 3 de septiembre de 2007

ME OCULTAN ALGO

Detesto los lunes en los que cada persona te habla de su fin de semana pero no me queda más remedio que hablarles del mío, así, en general (otra cosa que detesto, hablar así, en general).

Viernes: leo en Internet que se ha muerto otro: Vilallonga, un diplomático español. No le conocía personalmente ni tengo mucho que decir sobre él. ¿Qué clase de aristócrata era? Yo quise ser diplomático para parecerme a David Niven y no a Porfirio Rubirosa. Dicen mis conocidos que Vilallonga era del segundo tipo, mucho yate, mucha baronesa, mucho Ferrari. La nueva generación toma como ejemplo a Metternich aunque no saben quién es, tampoco saben quién es Niven ni Rubirosa (ni Vilallonga).


David Niven, un caballero




Sábado: Recibo una nota de Hassell, que me pide que vaya a verle por el asunto de Dillión. Le cuento lo que sé y, cuando pienso que me va a contar algo nuevo, me despacha con una sonrisa sardónica hasta la vista.



Domingo: Carmen y yo escuchamos un sollozo desgarrador mientras estamos jugando al rummykub. Subimos corriendo a la habitación de Kate y la encontramos desmayada en el suelo. A su lado hay una nota que ni Carmen ni yo nos preocupamos de leer. Cuando vuelve en sí, gracias a unas sales, esconde precipitadamente la nota y me pide que me marche de su cuarto. Carmen se queda con ella toda la noche. La partida de Rummy se arruina.