Después de una hora, Hassell interrumpió al jefe de policía y explicó lo que éste quería decir: desde luego no vamos a perder un minuto más en buscar a su amigo. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Es una pena, un príncipe Claus, el primer poeta de la isla. Si fuera posible, lo canjearía por doscientos o trescientos paisanos, pero nadie ha pedido un rescate, no se puede hacer más.
Miré al terrateniente con menos rencor del que pretendía fingir. Él se arreglaba el bigote. Debajo de sus labios nació una especie de disculpa que no iba dirigida a mí ni al policía, era como si la ensayara con nosotros antes de mirarse en el espejo.
Con respecto a la viuda -añadió dirigiéndose al jefe- tendrá que estar atento para que no se repita lo de la barca. Usted que la conoce más, Vilos, ¿cree que...?
¿Suicidarse? No lo sé. Creo que ni Dillión podría responder a eso.
No deje de informarnos si nota algo extraño.
Algo me detuvo cuando iba a decir que todo en Mayte es extraño. Me imaginé a aquellos dos como perros de presa en una guardería. Asentí mirando el bigote de Hassell.
Miré al terrateniente con menos rencor del que pretendía fingir. Él se arreglaba el bigote. Debajo de sus labios nació una especie de disculpa que no iba dirigida a mí ni al policía, era como si la ensayara con nosotros antes de mirarse en el espejo.
Con respecto a la viuda -añadió dirigiéndose al jefe- tendrá que estar atento para que no se repita lo de la barca. Usted que la conoce más, Vilos, ¿cree que...?
¿Suicidarse? No lo sé. Creo que ni Dillión podría responder a eso.
No deje de informarnos si nota algo extraño.
Algo me detuvo cuando iba a decir que todo en Mayte es extraño. Me imaginé a aquellos dos como perros de presa en una guardería. Asentí mirando el bigote de Hassell.
No dejaré de informarles.
Y creo que no queda más que tratar... Haga el favor de transmitirle mis recuerdos a la joven.



